“El papel de seda para envolver naranjas, las etiquetas para las cajas o un librito de papel de fumar, fabricado, por cierto, con pasta de arroz valenciano, despiertan de inmediato una profunda nostalgia que salta del inconsciente como lo haría un resorte”, señala Enric Satué, diseñador gráfico que lleva años estudiando la historia del diseño. La crónica contemporánea del diseño valenciano, aquel que hunde sus raíces desde finales del siglo XIX hasta la modernidad del siglo XX, cuenta con algunas de las invenciones más populares de los últimos cien años. En ella destacan los libritos de papel Bambú, los calzados Segarra, los carteles de Josep Renau, los botes de pimentón, la cerámica Lladró o los juguetes de la marca Payá. Todos ellos iconos de un diseño a medio camino entre lo artesanal y la producción industrial que ha permanecido en la memoria sentimental.
Según Satué, son varios los factores que intervienen en el poder emocional que algunos de estos diseños siguen ejerciendo: “El primero es su conexión con la infancia, al ser artículos que no han cambiado en nada, ni en la forma ni en el fondo, a lo largo de cien años”. Como, por ejemplo, las populares etiquetas de naranjas y los papeles de seda que las cubren, que alcanzaron su esplendor gráfico en la década de los años treinta del pasado siglo XX con el boom exportador hacia los mercados europeos.
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Esta imagen, a menudo marcada por un casticismo folclórico, evolucionará con el paso del tiempo dando entrada a otras iconografías y estéticas. “El segundo es el sentimiento que desprenden sus entrañables diseños, de factura más bien torpe, aunque honesta, hechos casi todos a mano alzada por artesanos aplicados que han vertido en ellos su modesto caudal de conocimientos y sentimientos. El tercero es que la imaginación es capaz de relacionar esos diseños con algunas de las vivencias personales que pueblan nuestra más lejana memoria.”
Las reflexiones de Enric Satué, un profesional que se define con cierto humor en estos momentos de su vida como “pasable diseñador gráfico, insulso escritor, y académico inoperante”, pueden aplicarse a artículos que han quedado guardados en la memoria como los populares carteles de baldosa cerámica con fines publicitarios que iluminaron los establecimientos comerciales hasta bien entrado el siglo XX.
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