En 1963, el arqueólogo Eliécer Silva Celis terminó de escribir el primer informe sobre unos petroglifos hallados en El Encanto, a un kilómetro al noreste del centro de Florencia, y se lo entregó al Instituto Colombiano de Antropología e Historia (Icanh). Un año antes de la publicación, una fuerte crecida del río Hacha había provocado que en esta piedra, que se encontraba bajo tierra, la gente empezara a notar imágenes grabadas extendidas en aproximadamente 16 metros de longitud por un metro de altura en una de sus caras.
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