Es el sonido oscuro y almibarado de Eddie Vedder, en el desenchufado de Pearl Jam de 1992, cantando océanos Sí Porche. Es la orquestación sintética y dulce en Desintegración de The Cure, en 1989; las cadencias subrepticias, como si se llevaran la niebla de Londres, en M y juega por hoy, en este otro disco, de 1980, Diecisiete segundos. Es la atmósfera alegremente oscura y melancólica que ilumina en Transmisión de Joy Division, en 1979.
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