Una radiografía en torno al desarrollo económico de los países de América Latina, en relación con países industrializados, entre ellos los del este asiático, China y Japón, es la reflexión que hace el profesor emérito de Utadeo, Salomón Kalmanovitz, en su más reciente columna de opinión en El Espectador.
Siguiendo la definición de Dani Rodrick, Kalmanovitz sostiene que el desarrollo económico se considera como “la elevación de las capacidades humanas de una población, que al poder producir más sabiamente también contribuye a un crecimiento económico más rápido”.
El experto en economía sostiene que las bonanzas mineras presentan efectos indeseados en las actividades industriales, obteniendo así una especialización peligrosa para el desarrollo económico a largo plazo, proceso que se le conoce como la enfermedad holandesa, debido a que en los años setenta ese país descubrió yacimientos de gas, pero su renta revaluó la moneda local y desindustrializó a Holanda: “un buen sistema político puede utilizar la renta minera precisamente para elevar las capacidades humanas mediante la educación y la diversificación de la economía. Cuando este tipo de instituciones es inexistente, como en la mayor parte de América Latina y en Colombia, la especialización minera conduce a una pérdida incluso de las capacidades humanas que se habían logrado acumular por 50 años de industrialización protegida”, subrayó el columnista.
Así, sostiene Kalmanovitz, una de las falencias de los Estados latinoamericanos se centra principalmente en las estructuras clientelistas que deterioran el impulso de las políticas públicas. Así, por ejemplo, mientras que el sudeste asiático se destacó que la intervención puntual del Estado, en nuestra región las medidas económicas en torno a la apertura comercial y de capitales, la liberación financiera, un banco central independiente y baja inflación fueron decepcionantes: “Todavía se escuchan voces en nuestro medio que insisten en que la salida de la encrucijada de crecimiento volátil y escaso desarrollo son más reformas de libre mercado, bajos impuestos y menos intervención estatal. ¿Estarán en lo cierto?”, finaliza el autor.







